| |
 |
JUCONI
Historias de éxito
|
|
La historia de Alejandro
Justo hace nueve años, Alejandro Hernández era un escandaloso y agresivo
niño de seis años, mostrándolo en las pocas ocasiones que asistía a la escuela
primaria. Alejandro, sus tres hermanos, y sus padres vivían con su abuela en una
pequeña casa ubicada detrás del mercado más grande de Puebla. Su madre, Lulú, era
trabajadora doméstica, mientras su padre, Roberto, apenas lograba obtener dinero
vendiendo bebidas en un carrito.
La vida familiar era difícil para Alejandro y sus hermanos. Sus dos padres, tanto
Lulú como Roberto, habían sufrido de abusos físicos cuando eran niños; la violencia
y abusos ahora la ejercían en sus cuatro hijos. Roberto sufría de alcoholismo severo,
y a veces no regresaba a casa hasta muy noche, o no regresaba. Cuando regresaba a casa,
usualmente estaba enojado y borracho, lo que conducía a peleas violentas y abuso hacia
su esposa e hijos. Lulú se reprochaba por desvalorar a Roberto ante los niños, lo que
desencadenaba más agresiones.
Alejandro y su hermano menor, Miguel, aunque estaban inscritos en la escuela local, asistían
esporádicamente. Cuando iban los dos, no podían enfocarse y estaban rezagados en sus clases.
Durante los días que no iban a la escuela, pasaban el día con su padre en el mercado o vagando
por las calles aledañas.
Un día, el maestro de Alejandro habló con Lulú y le explicó que la incapacidad para concentrarse
y participar de Alejandro, junto con su ausentismo eran razones suficientes para expulsarlo de la
escuela. El maestro, que ya conocía los programas JUCONI y el Centro cercano al mercado, le sugirió
a Lulú que contactara a JUCONI para pedirles ayuda. En vez de expulsar a Alejandro de la escuela, el
maestro esperó que la familia obtuviera la ayuda que tanto necesitaban.
A pesar de las recomendaciones del maestro y la reputación que tiene JUCONI en los alrededores del
mercado, Lulú era renuente a buscar ayuda y tenía muy pocas experiencias en el acceso a servicios. Con
los ánimos que una de sus vecinas le dio, Lulú decidió visitar el Centro de Día e investigar. Uno de
los miembros del staff se le acercó, y ella tímidamente le explicó el comportamiento de Alejandro y que
su maestro le había recomendado JUCONI. ¿Podía JUCONI ayudar a su familia?.
Una vez que se confirmó que la familia cumplía con los requisitos (vivir cerca y no tener ingresos mayores
a $120 diarios) los educadores de JUCONI y sus maestros comenzaron inmediatamente a trabajar con Alejandro
y su familia. Los educadores empezaron las sesiones familiares en su casa, trabajando con Roberto, Lulú y
los cuatro niños. El equipo de educadores que trabajan con familias empezó a abrir líneas de comunicación
positiva entre los miembros de la familia. Cuando tuvieron la primera oportunidad de hablar, Lulú comunicó
agresivamente su resentimiento hacia Roberto. Incluso le irritaba que estuviera presente en esa reunión.
Sentía que Roberto había sido un padre ausente, y que no merecía ser incluido en el programa de JUCONI y que
nunca podría ser parte de la solución. Le culpó por toda la confusión familiar. Como respuesta al enojo de
Lulú el educador de JUCONI empezó a trabajar con ella de manera individual para superar todo su resentimiento.
Gradualmente, Lulú se dio cuenta de que era necesario que Roberto fuera parte de los cambios y, eventualmente,
aceptó su presencia en la terapia semanal.
Debido al alcoholismo de Roberto, que fomentaba el abuso, los educadores de JUCONI trabajaron con él para combatir
la raíz del problema; trabajaron para sanar las heridas emocionales que tenía debido al abuso que sufrió durante su
infancia. Roberto aprendió a comunicar constructivamente sus frustraciones y enojos con su familia en vez de beber.
Una vez que la vida de Roberto se estabilizó, pudo tener un trabajo estable en una compañía constructora.
Mientras la terapia familiar continuaba, los educadores de JUCONI se aseguraban de que Alejandro y su hermano siguieran
en la escuela. Se les daba reforzamiento semanal, y lograron ir a la par de sus compañeros de clase. El hermano menor de
Alejandro y su hermana también tuvieron actividades de estimulación de aprendizaje para que iniciaran sus estudios con
una buena base de conocimientos.
Varios años después de que Lulú pidiera ayuda a JUCONI la familia ya estaba trabajando como una unidad. Habían desarrollado
las capacidades para comunicarse y respetarse. La violencia y el abuso ya no eran parte de la vida cotidiana y Alejandro
y sus hermanos asistían regularmente a la escuela.
La familia se mudó a una casa propia, más lejos del mercado Hidalgo. Las terapias familiares terminaron y los educadores de
JUCONI ya no visitan la casa de Alejandro. Lulú aún ayuda al Centro JUCONI, a veces cocina o limpia como agradecimiento. El
hermano mayor de Alejandro terminó la secundaria, ahora trabaja con su papá en la compañía constructora. Los dos hermanos más
pequeños asisten regularmente a la escuela.
Mientras la mayor parte de la interacción de la familia con JUCONI ya terminó debido a la distancia y a la estabilidad con la
que ahora cuentan. El año pasado, con tan sólo 14 años, Alejandro se convirtió en el estudiante más joven en el programa de
aprendices de la automotriz Benteler. Los siguientes tres años, Alejandro tomará clases y trabajará para conseguir un puesto
en la fábrica de Benteler. Esta empresa suministra autopartes a Volkswagen de Puebla.
Alejandro, además, entiende la importancia de este evento. Será el primero en su familia que haya completado la secundaria y que
obtiene un entrenamiento especializado. "[Mi papá] me dijo que siguiera. El no es letrado, y quiere lo mejor para su familia".
Alejandro y su familia admiten que aún tiene trabajo para comunicarse abiertamente entre ellos. Los años de abuso y violencia no
se borran fácilmente. Sin embargo, cuando la familia se encuentra en algún problema, trabajan juntos para encontrar una solución
que beneficie a todos. Alejandro le da el crédito del éxito de su familia y de su brillante futuro a JUCONI: "Hoy, gracias a toda
la ayuda que recibimos, somos una familia feliz".
|
 |
|